Menu

Spanish Catalan English

Kim va al oculista

Soy Ester, de profesión oftalmólogo pediátrico. Vivo en Barcelona y tengo dos hijos, Martina que tiene 11 años y Kim que acaba de cumplir tres. Así pues, soy oftalmólogo, pero antes fui madre.

Os quiero contar mi experiencia como madre de Kim que lleva gafas por hipermetropía. 
 
Como oftalmólogo os puedo dar muchos consejos y pautar múltiples tratamientos para vuestros hijos, pero desde la perspectiva de paciente todo toma un cariz muy diferente como podréis leer a continuación.

He decidido que ya es hora de hacer una revisión oftalmológica a Kim. Acaba de cumplir tres años, tal vez voy un poco tarde.

    ¿Cuando deberíamos hacer la primera revisión oftalmológica a nuestro hijo?

Ya hace días que quiero subir a la consulta, pero nunca encuentro el momento. Martes de Semana Santa, día perfecto, yo hago fiesta y así puedo llevar al niño y estar con él. No es necesario que de nuevo pida el favor a los abuelos.

Así que ya estoy con Kim de camino hacía la consulta de oftalmología. "¿Quieres decir que colaborará?", llevo preguntándome todo la mañana. En casa sí que habla, pero ahora quizá decide callar. Mejor le cuento y así que sepa que vamos a hacer.

- A ver Kim. Vamos a ver unos dibujos en una tele con Quique. Tú le dirás lo que veas, ¿verdad? (Quique es el óptico, un buen chico y muy buen profesional)
- Sí, Tom y Jerry en la tele de Quique... (Uffff, el tema es más difícil de lo que pensaba).
- No, Tom y Jerry me parece que no les tiene Quique, quizá otros, pero tú le dirás ¿verdad?
- ... ... .. (Sin respuesta).

                   ¿Es necesario que el niño o la niña sepa dónde va?


 No ha contestado, pero espero que me haya entendido perfectamente.

Ya estamos en la consulta. Kim lo observa todo, los ojos abiertos como platos. Me mira con cara de desconfianza. Le sonrío y le hago que si con la cabeza.

La consulta intenta ser agradable, está pintada en tonos azules, hay cuadros de dibujos en las paredes, algún peluche en las estanterías. Creo que a Kim ya le está bien. De todos modos, no deja de ser una consulta de médico disfrazada. 

Es la hora de sentarse en la silla de exploración.

- ¿Te sientas tú solo Kim? Le dice Quique
- Sí, yo solito.

Al menos, empezamos bien.
Quique le mira las visiones, primero con los dos ojos, después cada ojo por separado. Sin problemas. Pero hay algo que no va bien, parece que con el ojo izquierdo ve menos que con el derecho. ¿Cómo puede ser, si nunca le hemos notado nada?

                Mi niño ve bien, nunca le hemos notado nada

Y ahora, ¿qué? ¿No ve bien? 
¿Quizás es demasiado pequeño?
¿Quizás Quique se ha equivocado?
¿O quizás Kim no ha estado suficientemente atento? ¡Es tan pequeño!
¿O quizás como que es el ojo izquierdo y ha sido el último, ya estaba cansado? O quizás, quizás...

A mi niño no le pasa nada, ¡estoy segura! ¡Si ve las cosas más pequeñas del suelo! ¡Y las coge! Y los aviones... ve los aviones cuando nosotros no los vemos todavía. Y en la escuela hace lo mismo que los otros niños, y pinta, y hace unos trabajos de nota.

Basta... basta. ¿Qué hay que hacer ahora?

- Quizás que le pongamos gotas, que lo dilatemos. Me dice Quique con media sonrisa en la cara.
- ¿Gotas?, ¿Seguro?... De acuerdo.

         ¿Es necesario ver a los niños con gotas de dilatar?¿ Por qué?

 


Anda, ahora las gotas, y a esperar que le hagan efecto. Y encima le picarán, ¡pobre! porque pican y bastante, y luego no verá nada.

Ya está.

Creo que iré a dar una vuelta, porque quedarme en esta sala de espera, llena hasta los topes, acabará con mi paciencia. Y encima, Kim que no para, me estoy poniendo de los nervios y él también. Me voy, ya volveré en 20 minutos o media hora.

Kim es habitualmente un niño movido, pero ahora está terriblemente inquieto. He ido a la entrada principal del hospital y quería coger las flores del Santo. Después ha intentado saltar por las sillas de la entrada, ha asaltado a la voluntaria de la tienda, ha llorado porque quería jugar con los clics de Playmobil que están expuestos...Ya no se qué hacer con él. Es como si se hubiera hiperactivado. Y ahora lo tendrán que ver, ¡si no se estará quieto!

Volvemos, que lo vean y me voy.

         ¿Qué efectos tienen las gotas de dilatar en el niño? 
 

De nuevo en la consulta, Quique le hace sentarse en la silla de exploración. Nuevamente se está quieto, le escucha y le mira con curiosidad.

- A ver Kim, ahora tienes que mirar esta luz. Le cuenta Quique mientras le pone una lente delante del ojo y lo mira con el retinoscopio. Primero le mira un ojo y después el otro, mientras a mí me mira de reojo. Esta vez Quique está serio. Creo que la cosa no va bien.

RetinoscopioEl retinoscopio es un aparato de esos que tenemos los ópticos y los oftalmólogos de tamaño no muy grande (de los que no asustan) y que se sujeta con una mano. Con la otra mano se van poniendo lentes delante del ojo que miramos. La luz que sale del retinoscopio pasa por los medios refractivos de la lente y del ojo hasta que provoca una sombra en la retina. Así, cambiando la potencia de la lente (dioptrías) que vamos poniendo delante del ojo, podemos saber la graduación del paciente sin que él tenga que decir nada. Si el niño colabora se convierte en una exploración fácil y fiable al 100%.

Y así es ... sorpresa! Kim tiene 4.5 dioptrías de hipermetropía en el ojo derecho. Y no os lo perdáis en el izquierdo tiene las 4.5 dioptrías de hipermetropía y además 1.5 de astigmatismo.
Fantástico, qué buena noticia. ¡Kim tiene que llevar gafas!


Para terminar la visita le miro el fondo de ojo con el oftalmoscopio (otro de nuestros aparatos que se pone en la cabeza, a modo de casco, y que sirve para mirar la retina). La retina es normal, por eso no habrá que preocuparse.

Anda Kim vamos a casa, le explicaremos a papá la sorpresa.

Y claro, el papa no se lo cree.
- No puede ser, me dice, ¿tan pequeño? No se las querrá poner las gafas, qué problema que tendremos.
- ¿Por qué no se las ha de querer poner? Yo llevo gafas y tú también. ¿Qué hay de nuevo en que las lleve él también?
- Las romperá, ¡iremos a dos o tres gafas al mes!
- Basta, se las haremos, que se las ponga y luego ya hablaremos

Papá está poco convencido...

           ¿Seguro que le tenemos que poner gafas? ¿Tan pequeño? 

Ahora, un trabajo más. Tendremos que ir hoy mismo a la óptica para que le monten los cristales y empiece a llevarlas lo antes posible.

Tendré que buscar una montura que se le ajuste bien, tiene una nariz tan pequeña que seguro le resbalan.
Yo también tengo mis dudas de que las lleve bien, pero no se lo voy a contar a nadie, no lo explicaré, ya tengo bastante trabajo en convencer a todo el mundo que Kim necesita gafas como para encima permitirme el lujo de dudar.
 
Le buscaré la montura que mejor se le adapte y espero que todo vaya bien.
He elegido una óptica de confianza, donde se que tienen mucho material para niños de todas las edades. No la tengo al lado de casa pero desde la escuela en autobús estoy en diez minutos, será práctico.
Le he explicado al Kim que vamos a comprarle unas gafas, ya verás que guapo que estás.
Se ríe y me mira con cara de ... "si, que te lo creas! "


-¿Kim de qué color quieres las gafas? Le pregunta la dependienta de la óptica mientras empieza a sacar mini-monturas.
- De color de malo
- ¿Qué?
- De color de malo
-Ahhhh... ahora las buscamos, pues. De malo.


No se que quiere Kim, no se qué gafas quiere, eso de malo debe ser de algunos dibujos que ve en la tele o en los cuentos.


Sobre su carita le vamos colocando monturas de diferentes colores y tamaños, hasta que encontramos la ideal.


             ¿Qué montura elegir para los niños?


No hemos encontrado las gafas de malo!
Pero hemos encontrado unas que nos han gustado porque son rojas como las de la mama.
Es una montura redonda, con el puente invertido, aunque no es de silicona. De todos modos cuando las ha visto y se las ha puesto, ha dicho “estas”. Le quedan muy bien y ajustadas, pienso que no le caerán. Me gustaría que fueran de silicona pero de momento ya me va bien, que se acostumbre y las siguientes ya serán de silicona.
Mañana mismo ya estarán a punto.


Ya es mañana.

Le ponemos las gafas.

- No veo con estas gafas mama.
- Mama, el Kim no ve. Está intentando coger una flor y no puede, ¡la mano le va hacia otro lado!


¿Parece que no ve bien?, ¿Le pongo las gafas y no ve? ¿ Quèèèè?


             ¿El niño ve bien la primera vez que se pone las gafas?


Le cuesta ver, sobre todo cuando quiere fijarse en alguna cosa se pone las gafas en la cabeza. Que gracioso!
A medida que pasa el primer día parece que se va adaptando, a la hora de cenar ya se las quito.

- Ahora descansamos hasta mañana. Le explico mientras las guardo en la funda.
- Vale, mañana las pondremos otra ratito. Parece que me lo dice convencido.

Y sí, al día siguiente ya las lleva casi todo el tiempo y sólo se las saca alguna que otra vez. Y el tercer día ya es perfecto, creo que ya ve bien, al menos las lleva puestas todo el tiempo.

De todos modos, si no se las pongo, no las pide.

Bien, no importa, con eso ya me basta. No me las pide pero no se las saca ...

Bravo, buen chico.

 

Kim flor


Ahora ya puede coger la flor ...

Log In or Register

fb iconLog in with Facebook